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| 10.06.2008 |
| NW32 - Editorial |
| La montaña rusa de las carreras |
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En numerosos artículos previos ya te he explicado que KTM me recuerda a cuando trabajaba en Bultaco, en el sentido de que en la empresa se respira la competición. Todos cuantos trabajamos en KTM España somos adictos a las carreras y la primera pregunta del lunes es obligada: “¿Cómo nos ha ido el fin de semana?” Eso lo pregunta todo el que no ha estado directamente manchándose de barro o polvo en uno u otro circuito…
La competición de motos es una droga, es algo emocional en lo que estamos porque nos supera, nos acelera el corazón y nos disparara la adrenalina. Desde un punto de vista simplemente comercial, KTM necesita ganar carreras. La competición es carísima y presenta unos riesgos casi suicidas desde el punto de vista de presupuestos, resultados, lesiones, averías, material consumido… KTM no puede entenderse sin las carreras, pero a las carreras jamás se va a trabajar: hay que trabajar tanto, en condiciones tan extremas, con tan poca compensación y con tantísimo riesgo que sólo se involucran en las carreras aquellas personas con vocación. Nadie va a las carreras como negocio si no le gustan. Sólo por negocio, cualquier otro es más rentable, más tranquilo y menos arriesgado.
Todos los adictos a las carreras, y probablemente tú también lo eres, sabemos qué es lo adictivo de la competición: la incertidumbre. La línea que separa el mayor de los éxitos del mayor de los desastres es muy delgada y no sólo es una cuestión de morbo: es que para entender el máximo placer de la victoria hay que haber conocido el máximo dolor de la derrota o la caída.
Todo esto viene a cuenta de varios nombres propios que este pasado mes nos han hecho reír y llorar en KTM. Y sin llanto, no puede jamás valorarse la felicidad. Por eso, para darle perspectiva a la hazaña de Jonathan Barragán, que se ha convertido en el primer español en ganar un GP de MX1 (ya Javier García Vico conquistó, con KTM, un GP de MX3), hay que conocer también el dolor vivido por Alvaro Lozano.
Alvaro, un tipo trabajador y honrado como pocos, sufrió un accidente en Portugal, todo se complicó poco a poco… Y acabó en la UCI, tras una operación cuyos riesgos siempre parecen mayores al estar tan lejos de casa y de los tuyos. Alvaro y su familia lo han pasado muy mal y siempre recordarán estos últimos meses. Por eso no sería justo mirar sólo a Jonathan. No sería justo ni para Barragán ni para Alvaro. Para Alvaro, porque no acordarse ni preocuparse de él en la adversidad sería una innobleza. En KTM le estamos muy agradecido y le admiramos como al que más, así que hemos estado muy pendientes de cuanto ha sucedido y lo podemos contar ahora con la tranquilidad de que todo ha salido bien.
Pero tampoco sería justo para Jonathan. Porque el valor, inmenso, de su gesta, reside en que en las carreras hay siempre un reverso oscuro que es el que hemos vivido con Alvaro. En KTM España queríamos dedicar este mes nuestro cariño a ambos. Los dos han ganado carreras importantes. La de Jonathan, histórica e increíble. Pero la de Alvaro era mucho más importante y su triunfo lo recordaremos siempre, aunque no lo escriba nadie en los anuarios de la FIM.
Sin llegar a esos extremos, pero también con el corazón viviendo en el filo de la navaja, hemos vivido otro caso similar en el último GP disputado en Montmeló. Mientras el jovencísimo Marc Márquez nos hacía soñar colándose en el top ten de los mejores del mundo, Tito Rabat nos ponía el alma en un puño al ingresar en el Hospital General y permanecer en coma inducido unas horas. El final fue feliz en ambas historias, pero de nuevo nos mostró, como en el caso de Barragán y Lozano, cuán enormes son los ascensos y caídas de la montaña rusa en la que vivimos en competición.
No querría despedir este editorial sin manifestar nuestra total adhesión a la postura de la asociación de fabricantes e importadores de motos, ANESDOR, en contra del cambio que la Administración quiere imponer sobre el cambio de la edad mínima para conducir un ciclomotor. En KTM no tenemos ciclomotores y la medida no nos afecta directamente, pero nos indigna igualmente cuando presenciamos un nuevo ataque a la moto en un segmento en el que ni la siniestralidad, que ha descendido, ni ninguna otra razón lógica, aconseja dejar a un joven de 14 años sin poderse subir a una moto legalmente. Se está jugando con puestos de trabajo (alguna marca del sector ya ha anunciado reducciones de plantilla) y también con los derechos de muchos jóvenes de 14 años, a los que deberían ser sus padres, y no la Administración, quien les juzgara maduros o no para subirse a una moto.
César Rojo
Director General de KTM |
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