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| 03.01.2008 |
| NW27 - EDITORIAL |
| El Dakar, en riesgo después de 30 años |
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Cuando la organización del Dakar comunicó que el Rally se suspendía, seguro que lo hizo pensando que era lo mejor. Y, si nos ponemos en sus zapatos, hay que entender su miedo: los seguros afirman que no cubrirán los riesgos, el gobierno francés presiona a todos los niveles…
La organización obró de forma razonable, racional, políticamente correcta, primando la seguridad sobre la economía.
El problema es que el Dakar no es una carrera razonable, racional ni políticamente correcta. Y el problema es que cuando la organización detuvo el Dakar, acabó con el riesgo… pero también acabó con bastantes cosas más.
Para empezar, acabó con la manera de vivir de muchísimos africanos, que subsisten todo el año gracias a la aportación, el gasto y las ayudas de los miembros del Rally. Estamos hablando de países muy pobres (verdad o no, Gadafi dijo en su día que el presupuesto de los 21 países más pobres de Africa era inferior al del Departamento de Bomberos de Nueva York), especialmente Mauritania, para quien el paso del Dakar representa un porcentaje real de su PIB.
Además, no sólo estamos hablando de este año, ni del Dakar. Después de esta decisión, será difícil que el Rally vuelva a Africa, o al menos que lo haga por el clásico corredor Marruecos-Mauritania-Senegal. Y no sólo el Dakar: miles de turistas dejarán de acudir.
Hay más efectos colaterales. Por ejemplo, tras haber cedido a la amenaza terrorista de Al Qaeda, el Dakar ha sentado un precedente terrible para el resto de eventos deportivos. Ahora, para los terroristas será más fácil amenazar cualquier campeonato o competición. Han visto que el sistema de amenazar funciona, así que lo pondrán en marcha más a menudo.
Por fin, llegamos a los daños deportivos y económicos, que fue el primer dolor que percibimos porque era el nuestro… aunque hemos visto en los puntos anteriores que puede haber terceros mucho más perjudicados (¿morirá más gente de hambre en Mauritania al no pasar el Rally?).
Desde nuestro punto de vista, es un desastre. Lo es para los profesionales, los patrocinadores, las marcas y los equipos. Y, sobre todo, lo es para los amateurs, empeñados hasta las cejas para cumplir un sueño del que les han despertado antes de empezar a dormir. Mucha gente perderá mucho dinero, mucha gente habrá tirado un año de su vida por esta decisión.
¿Había otra salida distinta a la que tomó la organización?
Sinceramente, no lo sé. No puedo saberlo, y asumo que es muy cómodo opinar desde fuera y con la carrera parada, porque, ¿qué le hubieran dicho a la organización si pone la carrera en marcha y después se produce un atentado?
Sin embargo, el Dakar es una carrera irracional. Es una carrera de (maravillosos) locos. El riesgo es parte de ella y, desde luego, lo que sí me hubiera gustado es que la organización le hubiera pedido su opinión a los participantes antes de tomar una decisión. Ellos, me consta, querían seguir, asumiendo el terrorismo como un riesgo más dentro de los muchísimos que ya tiene la prueba.
Porque no es la primera vez que el Dakar asume riesgos terroristas, ni mucho menos. Y, hasta hoy, la carrera jamás se detuvo. Recuerdo cuando en el año 90 una facción de terroristas touareg cometió un atentado: dispararon contra un camión de carrera y mataron a Charles Cabannes. La carrera siguió. Recuerdo cuando estalló la primera Guerra del Golfo, con todo el Dakar en Mauritania, país aliado de Irak. La carrera continuó. Recuerdo cuando más de cien participantes fueron secuestrados a punta de kalashnikov. La carrera no se detuvo. Recuerdo cuando los terroristas estaban esperando al Rally en mitad del Teneré, en el año 2000. La carrera continuó, “saltando” por encima del Teneré con un gigantesco puente aéreo improvisado.
Tal vez podría haberse hecho un Dakar hasta el muro (con las etapas previstas) y regreso en sentido contrario. Tal vez podía haberse completado la primera mitad del Rally y luego haber cruzado Mauritania neutralizados por carretera y escoltados, para seguir en Senegal. Tal vez…
No puedo criticar a la organización: tenía una gran presión y debía elegir lo correcto. Obró con prudencia.
Pero los dakarianos de espíritu nos hemos quedado muy tocados: después de 30 años, ¿es éste el fin del Dakar?
Cesar Rojo
Director General de KTM España |
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