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News: España
05.12.2007
NW26 - EL DAKAR POR DENTRO (I)
Acaba de sonar el despertador
Imagínate que estás en el Dakar: suena el despertador y es uno de los peores momentos del día. Primero, porque has dormido poco, casi nada o nada de nada. Después, porque tienes que salir del calor del saco de dormir y fuera sabes que hace un frío desgarrador. Y finalmente porque tienes miedo a lo que te espera.
La noche anterior tenías la sensación de triunfo de haber completado el día, lo celebraste con todo el resto de pilotos españoles comiendo sentado en el suelo del vivac y hermanándote con ellos contando anécdotas y sensaciones. Mañana parecía muy lejos… Pero acaba de sonar el despertador y ya es mañana, y aparece el miedo y las dudas: ¿qué trampa nos tienen preparada para hoy?
Sales del saco (no hay tiempo para remolonear), te vistes de romano como puedes dentro de la pequeña tienda, ya con el frío y la incomodidad de una ligera tienda de campaña sobre un suelo de piedras y te aguarda el pequeño estrés matinal: plegar la tienda y el saco, rehacer la bolsa-maleta, meterlo todo en la caja metálica que transporta la organización y llevar esta pesada caja (también tienes dentro el recambio y la herramienta) al avión de las cajas. Estás fundido, agotado y el miedo se mezcla con el frío.
Luego toca ir a hacer la cola del desayuno para tomarse un café caliente y un pan con mantequilla de pie en las mesas del campamento. A un lado puedes tener a Carlos Sainz y al otro a Marc Coma, que están también allí, de pie, engullendo el café, con la barba incipiente y la misma mirada preocupada de todos por la mañana: ¿qué faenas nos esperan hoy? Si la noche es el momento sociable donde todo el mundo está contento y hay un ambiente de triunfo y amistad, en el desayuno la cosa cambia. La gente habla poco, no ríe, todo el mundo va de uno en uno y el ambiente está helado. Porque la noche anterior estabas celebrando que habías terminado el día. Ahora no hay nada que celebrar porque el día ha comenzado. Espera el infierno.
Terminas el desayuno y organizas tu ración de supervivencia. En el desayuno te han dado una bolsita que se llama así, ración de supervivencia, porque es todo lo que tendrás para comer si tu moto se rompe y tienes que esperar, a veces más de 24 horas, a que llegue a por ti el camión-escoba. En esa bolsita hay quesitos, barritas energéticas, un tetrabrick con zumo, leche condensada, dulces, frutos secos… Es todo lo contrario a lo que te recetaría tu endocrino: calorías a tope. Son siempre alimentos que pesen poco, que no se puedan derretir con el calor y que aporten la mayor energía posible. Abres la bolsa y eliges tus preferencias: los cacahuetes, lo más rico, los usarás para celebrar que has llegado a la meta y te los comerás en el control de llegada. El zumo, para aligerar peso, te lo tomarás al llegar a la salida de la especial. La barrita energética la tomarás en el parón del repostaje. Y el dulce ese que lo tienes manía lo tiras, porque no te cabe todo en los bolsillos de la chaqueta. Esa será tu comida del día, aprovechando los parones del control de salida, llegada y repostajes, porque realmente no hay hora de comer en el Dakar: todo el mundo está en marcha desde que amanece hasta que anochece. En los coches, piloto y copiloto pueden comer algo mientras conducen. Pero en la moto, no se puede pelar la barrita energética y comértela a la vez que ruedas a 80 por hora entre trampas y leyendo el road-book…
Sigue la rutina matinal: llenas el camel back hasta el tope, te lavas un poco la cara, las manos y los dientes con media botellita de agua mineral, visitas el “baño” (no hay baños, sólo un desierto enorme en el que eliges cuál es tu sitio preferido para aliviarte)  y te montas en la moto. Te encaminas hacia el control de salida que está a la puerta del vivac. No paras de mirar el reloj porque desde que te despiertas tienes miedo de que todo se líe y no llegues a tu hora de salir. Pero ahí estás, en la cola del control de salida. Aún es de noche, el frío y el miedo a lo que te espera sigue ahí pero todo ha mejorado bastante: estás vestido de romano, tu moto ha arrancado bien y tiembla al ralentí con el estárter puesto y la luz alumbra al piloto de delante de la cola de salida. Pones el road-book en su sitio, arrancas el GPS y le introduces la clave del día. Todo está preparado, vas a tomar la salida al enlace. Tienes por delante 800 kilómetros de etapa.
Y ahora, la pregunta del millón: ¿cómo voy a conseguir encontrar la ruta, por un sitio que no he pasado nunca y no conozco, sin mapas y a veces sin caminos, para llegar a una meta a 800 kilómetros de distancia? No hay carreteras y a veces no hay ni siquiera camino y es “fuera pista” total. Entonces, ¿cómo puedo encontrar la ruta?
A eso se llama “navegar”, y es una de las claves del Dakar. El mes que viene te contaremos, con pelos y señales, cómo navegan los pilotos del Dakar.
Asistencia nocturna en el vivac
"Haima" del Dakar 2007
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